El shibari no es infidelidad en sí mismo: depende por completo de los acuerdos de cada pareja. Como cualquier actividad que involucra cercanía o intimidad con otra persona, lo que lo convierte o no en una traición es lo que tú y tu pareja hayan conversado y acordado. No hay una respuesta universal, pero sí preguntas que ayudan a aclararlo.
Todo depende del acuerdo
Para una pareja, que uno practique shibari con terceros en un taller puede ser perfectamente normal; para otra, puede cruzar una línea. Ninguna de las dos está “equivocada”: lo que importa es que ambos sepan y estén de acuerdo. La infidelidad no la define la actividad, sino romper un acuerdo (explícito o tácito).
Shibari dentro de la pareja
Si lo practican entre ustedes, no hay dilema: es una forma de intimidad y conexión como cualquier otra, muchas veces más profunda. De hecho, muchas parejas lo descubren justamente para reconectar. Si es tu caso, te puede servir shibari para parejas.
¿Y si quiero practicar con otras personas?
Aquí entra la conversación honesta. El shibari con terceros —en talleres, jams o sesiones— implica cercanía física y, a veces, emocional. No es automáticamente una traición, pero sí es algo que se conversa antes, no después. Las preguntas clave:
- ¿Mi pareja sabe y está cómoda con esto?
- ¿Qué está dentro de nuestro acuerdo y qué no?
- ¿Lo haría a escondidas? (Si la respuesta es sí, ahí está la señal.)
La regla de oro: transparencia
El mismo valor que sostiene el shibari —el consentimiento y la comunicación— aplica a tu relación. Si hay transparencia y acuerdo, no es infidelidad. Si hay ocultamiento, el problema no es el shibari: es la falta de honestidad.
Si tu pareja te propuso shibari y no sabes qué sentir
Es válido tener dudas. Conversarlo sin juicios es el primer paso. Te puede ayudar leer cómo se plantea el tema en pareja para entender desde dónde viene la propuesta.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasa si mi pareja no quiere que practique shibari con otras personas?
Entonces eso forma parte de su acuerdo, y practicar a escondidas sería romperlo. Conversen con calma qué les incomoda y por qué; a veces ayuda conocer mejor la práctica o explorarla primero juntos. Si el “no” se mantiene, respetarlo es la misma lógica de consentimiento que sostiene todo el shibari.
¿Qué hago si mi pareja practicó shibari sin contarme?
Háblalo con honestidad y sin juicios apresurados. Si hubo ocultamiento, el problema de fondo no es el shibari, sino la falta de transparencia. Usen esa conversación para entender desde dónde nace el interés y para definir, de aquí en adelante, qué está dentro de su acuerdo y qué no.
¿Hay contacto físico en un taller o una rope jam?
Sí, atar y ser atado implica cercanía física. Pero en estos espacios rige el consentimiento explícito: nadie toca ni ata a nadie sin acuerdo, y puedes ir únicamente a observar. La práctica se centra en la técnica, la seguridad y la comunicación. Saber cómo funcionan ayuda a conversarlo con tu pareja desde la información, no desde supuestos.
En resumen
El shibari es una práctica, no una definición moral. Dentro de un acuerdo claro y transparente, no es infidelidad. La brújula siempre es la misma: hablarlo antes, con honestidad. ¿Quieren explorarlo juntos? Un taller para parejas es una gran forma de empezar.



